quiero dejar de ser celosa e insegura xq acabo de perder a la persona q mas amo

Hola Mary:


En principio te pido disculpas por la demora, hubo un inconveniente por internet y recien aparecen algunos mensajes , igualmente espero ayudarte
Los celos son una emoción que surge por querer poseer en exclusiva a la persona amada. El miedo a la pérdida, real o no, planea como una amenaza. Normalmente asociamos este sentimiento a las relaciones de pareja, pero también puede darse entre hermanos, compañeros de clase...

Los celos son una reacción a la percepción de una amenaza real o imaginaria que atenta contra nuestra relación afectiva. Se calcula que los celos son el principal protagonista en la tercera parte de las parejas con problemas conyugales.

La experiencia de celos tiene las siguientes características:

 

  • Temor a perder a la persona amada.
  • Sospecha y odio por ser traicionado.
  • Baja estima y tristeza por lo perdido.
  • Temor a perder una persona importante
  • Desconfianza.

La presencia de los celos debe de ser algo transitorio en la vida de todos los seres humanos. Cuando permanecen como un rasgo en la forma de ser del sujeto y llegan a formar parte de su personalidad generalmente se trata de seres desconfiados, con tendencia a la impulsividad, con necesidad de control, inseguros de su propia capacidad y con miedo de ser abandonados.


Uno de los mecanismos más usados en los celos es el de la proyección ¨ese hombre es bien parecido, seguramente a ella le puede gustar ¨.En otras palabras si a mi me parece atractivo lo puede ser para mi pareja.


Cuando se presta atención a otras personas existe el sentimiento de ser agredidos y desplazados lo que provoca a su vez sentimientos de agresión hacia el intruso. Los celos son normales cuando existen razones evidentes y reales de que existe una amenaza, por ejemplo cuando una parte de la pareja desea una relación fuera del noviazgo o del matrimonio.

Todas las parejas tienden a provocar celos en sus compañeros en algún momento de la relación. Esto sucede como una forma de conocer los límites del afecto. Cuando existe la amenaza de pérdida se intensifica el sentimiento de pertenencia o de adhesión a la pareja lo que hace más fuerte la relación y de esta manera se toma conciencia de que el otro no me pertenece.


Recordemos que la fidelidad es solo un convenio entre dos partes de comportarse en forma monogámica. Este acuerdo es voluntario, al faltar a este compromiso se incurre en una deslealtad que es considerada una agresión por la parte engañada. Si existen evidencias de que los celos están  fundamentados no son patológicos y se debe de considerar como parte normal de los conflictos en  la relación humana de acercarse y alejarse afectivamente para conocer los limites.


LA PERCEPCIÓN DISTORCIONADA Y LOS CELOS.


Cuando no existen fundamentos en la realidad entonces estamos ante un grave problema de percepción.
Con frecuencia el celoso ¨ve¨ con claridad signos inequívocos para él de que la pareja está coqueteando con otro sin percatase de que esta percepción es estrictamente imaginaria. Ejemplo: ¨tú miras hacia allá porque ahí está entrando alguien que te interesa¨ o ¨usas esa falda para que te vean las piernas¨.
Como consecuencia existe un deseo de control, si la persona celada acepta perder la libertad de mirar a donde le de la gana o de vestir la falda que desea, el celoso gana un territorio que irá avanzando en ocasiones hasta impedir que la celada salga de casa por miedo a que se le engañe.
El confrontar a la pareja con sus fantasías puede ser magnífico método para resolver los problemas de celos.

Con frecuencia muchos sentimientos son internalizados y no se manifiestan externamente por pudor a ser enjuiciados como "locuras". El que ambos miembros de la pareja conozcan cuáles son sus sentimientos y sus limitaciones puede ser de gran utilidad. La terapia cognitivo conductual igualmente puede ser beneficiosa para superar ese sentimiento tan común y que causa tanto sufrimiento y problemas en las parejas.

Es importante hacer la diferencia entre los normales y patológicos y los normales tienen una base en la realidad, los  celos delirantes persisten en ausencia de cualquier amenaza probable.


Los celos son una experiencia emocional difícil, sin embargo puede tener un aspecto positivo y servir  al crecimiento emocional de la pareja al aumentar el conocimiento  y comprensión dentro de la pareja.
Un ejercicio útil es pensar en el momento en que nos enamoramos de nuestra pareja. ¿Qué fue lo que sentimos? ¿O lo que más me atrajo de él o ella? ¿Esta es la persona con la que quiero compartir la vida? ¿Tuve sentimiento de seguridad? ¿Me sentí deseado sexualmente, respetado, o escuchado?


Vea ahora lo que más le perturba de sus celos. ¿Miedo a ser abandonado? ¿A ser humillado? ¿Se siente con baja estima sexualmente? Algunos sienten inseguridad física, otros económica, los más miedo al abandono y soledad.
Los celos y la envidia, tienen el mismo motivo: la necesidad de poseer. El celoso manifiesta su miedo a perder su posesión, es decir, considera que es suyo y no quiere que nadie se lo quite.

Los celos pueden ser una manifestación de amor, pueden ser positivos mientras se respeten las normas aceptadas por la pareja.

El celoso se siente mal cuando ve o imagina a su pareja con otras personas. Siente ansiedad y nerviosismo cuando sucede. Es frecuente la comparación constante (“soy más bajo que...”, “soy menos simpático que...”), facilitando la minusvaloración y la necesidad de demostración de afecto por parte de la otra persona. Los comentarios y los gestos del otro son analizados exhaustivamente buscando indicios.

Actúa motivado por la desconfianza, se niega a salir con otras personas y se enfada si su pareja comparte su tiempo con otros. El estado de vigilancia es continuo, llevándole a espiar a su pareja la correspondencia, llamadas... con el fin de asegurar la fidelidad o encontrar pruebas que demuestren una posible aventura.

Los celos cuando superan una dosis razonable, destruyen la pareja. Por ejemplo, es razonable que nos podamos sentir celosos cuando una persona de nuestro mismo sexo habla regularmente con nuestra pareja.
Pero a la larga los celos pueden llegar a destruir la relación: la amenaza constante, sentir que se está observando cada comportamiento, hará tarde o temprano que la pareja cambie su forma de comportarse, que se destruya la posibilidad de diálogo y finalmente, el miedo a perder al otro, acaba llevando la relación a su fin. Sería la profecía autocumplida.
Para superar los celos, lo primero de todo es darse cuenta de que lo eres. Hay que intentar descubrir en qué momentos uno se comporta de manera celosa. Anotar lo que se hace, lo que se siente y lo que se piensa en esos momentos ayudará a entender y razonar mejor su origen.
Por supuesto, hay que hablarlo abiertamente con la pareja. Quizás los celos tengan fundamento, pero quizás no sea así, si se analizan pensamientos, sentimientos y conductas, es probable que puedan hallarse muchos errores de interpretación. Habría que decirle al celoso, que si su pareja está con él será porque le quiere como es, no es necesario competir . Es mejor dedicar las energías a fortalecer y no a destruir la relación. Es necesario mejorar el diálogo, el respeto y la confianza. Para conseguir todo esto, lo mejor es planificar nuevas actividades juntos buscando disfrutar con ello.
Los celosos extremos, pueden llegar a tener peticiones absolutamente exageradas que aun siendo aceptadas no calman el sentimiento de inseguridad.
La enemiga número uno del celoso es la imaginación. Para eliminar los malos pensamientos se recomienda aprovechar la confianza que existe en la pareja y, sin que se vuelva un interrogatorio, contarse mutuamente qué se hizo en los momentos en que no estuvieron juntos.
Además, es básico poder poner en la mesa qué es lo que da celos. "Hay que poder decirle al otro qué actitudes provocan esa emoción. Claro que no hay que hacerlo en los momentos de rabia. Hay que buscar buenas instancias para hablar de temas serios. Tampoco debe discutirse el detalle de cada momento que despertó celos, sino el tema de fondo".

Finalmente, no se puede olvidar el autoanálisis. Ver cuánto es fantasía y cuánto realidad. "Si me doy cuenta de que soy celoso, y no tengo ninguna prueba para serlo, entonces el problema es mío y no del otro" ¿Los celos pueden ser superados? La respuesta es afirmativa,  pero con gran esfuerzo. Como la mayoría de las otras experiencias emocionales difíciles, los celos, si son tratados correctamente, pueden ser un disparador para el crecimiento. Puede convertirse en el primer paso para la madurez  de la persona y de la pareja ya que puede incrementar una  mayor comprensión de su  compañero y de la relación.
En una crisis de los celos, es necesario  determinar  que sentimiento producen los celos ¿Es miedo de la pérdida? ¿Es una sensación de humillación? ¿Es sensación de ser excluido? ¿Es algo más? ¿Cuál es el pensamiento más doloroso asociado a sus celos? ¿Le lastima   saber que su esposa puede pasar un momento maravilloso con algún otro, y lo excluyeron? ¿Se siente humillada porque su marido ha ligado toda la noche con una mujer  imponente, y todos en la fiesta lo vieron?
Tal vez tendrias que ver que en realidad los celos a los hijos sean o porque pensas que te quitan a tu pareja en algunos momentos y esto te angustia , o bien porque quisieras vos tener sus propios hijos , y te descargas en estas situaciones cuando en realidad es otra la que realmente te angustia

Te sugiero que además de que pienses todos estos puntos le aconcejes o hacer una terapia de pareja o una terapia individual para que no se produzca una profesia autocumplida , que no se dé lo que realmente no quiere , y no te olvides que los celos son parte de una inseguridad propia , algo que en realidad no se puede controlar , al otro no se lo puede controlar realmente como persona, sino seria un amor insano Por otro lado con respecto a la impulsividad en las parejas te cuento que tambien es debido a una inseguridad pero ademas en principio te cuento que uno siempre se descarga con el que sabe que no va a perder , tendrías que ponerte a pensar cuales son los detonadores de tus reacciones , por ahi hay cosas que te molestan , que no las decis por diferentes motivos , y explotas en cosas que no tendrías que explotar

El ser humano arrastra consigo un malestar estructural, una falta sutil tan agobiante como imprescindible. Es gracias a esa falta que somos sujetos deseantes, pues no deseamos sino aquello que aun no hemos encontrado. Y es dicho deseo, el que subsiste en la falta, el que nos motoriza para seguir buscando, para seguir viviendo. ¿No es entonces la falta imprescindible? ¿Qué oscura angustia sobrevendría si ya no nos habitara nuestra falta, nuestro deseo? Por tal motivo es que siempre habrá un resto entre lo buscado y lo anhelado, siempre habrá algo que no conformará del todo una vez que alcancemos aquello que otrora perseguimos, siempre algo faltará y no habrá nunca un otro que logre completarnos.
Ahora bien, justamente porque todos tenemos una falta en ser es que, para Lacan, amar es “dar lo que no se tiene a quien no es”.

Damos lo que no tenemos porque nunca tenemos aquello que completa al otro y, a su vez, el otro tampoco tiene aquello que pueda completarnos. Y de persistir en nuestro afán irracional de dar con aquella tan soñada media naranja, chocaremos con la infalible certeza de que el otro nunca será exactamente lo que buscamos ni seremos nosotros exactamente lo que el otro buscó. De allí que nos quede vivir en un fantasioso engaño o asumir nuestra falta y la del otro.
Todos somos apenas naranjas incompletas, desgajadas de tal modo que jamás hallaremos nuestra pieza faltante en algún otro y viceversa. ¿De
qué se trata entonces? ¿Qué buscar? Quizá de lo que se trate sea simplemente de asumir que nuestra felicidad no depende del otro, que somos nosotros los únicos responsables de nuestra propia felicidad.

Quizá solo se trate de buscar a aquel otro a quien podamos amar más allá de las faltas. Quizá solo se trate de recorrer la vida de la mano de un otro que nos haga más fácil y hermoso el camino, tal como dos cítricas mitades que pese a no engarzar con exactitud logran amarse igual profundamente, sin esperar el uno del otro lo imposible.
A modo de ejemplos de áreas conflictivas, señalaremos doce errores de notable frecuencia en una discusión matrimonial.

1) Descalificar

Cuando se discute, al menos uno de los cónyuges se siente herido y presa de la ira. Con deseos de saciar su cólera, desea herir al otro haciéndole sufrir un poco al menos, así como él sufre. Se grita, se ofende, se descalifica, se burla, se remueven heridas. El centro de la disputa queda focalizado en atacar y ganarle al otro. No se busca primariamente encontrar una solución.

Este mecanismo excluye, por lo tanto, cualquier opción cordial de escuchar al otro. Quien se hiere busca venganza… y el círculo vicioso se crea. Los oídos se van cerrando y se siente que cualquier grado de concesión es una forma de ser derrotado. Y en una guerra nadie quiere perder.

Un buen mecanismo de defensa de la pareja consiste, por tanto, en evitar descalificar al otro. Mientras menos lleguemos a herir al otro, mayor disposición obtendremos para solucionar lo que nos duele. Si el otro no se siente en posición de batalla, no tendrá problemas en ceder o en mostrarnos su punto de vista y aclararnos, por ejemplo, un error que nosotros mismos podríamos haber cometido.

2) Sólo el problema

El rencor y el dolor son malos consejeros. En el momento de una discusión lo frecuente es que sólo venga el recuerdo de qué es lo que odiamos en el otro, su pasado ofensivo y sus costumbres irritantes.
Por lo tanto, el detonante que hizo estallar en ese momento pareciera ser en sí mismo el punto a debatir. Sería ridículo negar que objetivamente ha ocurrido un “algo” que detonó esa bomba. Y pelearse durante horas por la interpretación de ese “algo” no ayudará a nada más que a acumular  nuevas heridas y formas de agresión, física o psicológica.

Sin embargo, lo usual es que sea el problema el protagonista de la discusión. Modificar este robo de protagonismo puede contribuir a solucionar la riña.

Por ejemplo, desplazar la atención, presentando el problema como si fuera real y buscando salidas o soluciones al mismo. No importa si es real o no: quien cedió sabe que en algún momento se aclarará todo y se suprimirán algunas medidas. Pero al menos no se continuó con el desangramiento afectivo.

Otro mecanismo conveniente es intentar enumerar las complicaciones o dificultades que se encontrarán en la salida de un problema y valerse de las soluciones propuestas como espacios apropiados para trabajar en equipo. La cercanía puede ser un primer paso para sanar las heridas.

Una solución, sólo por responder a un planteamiento particular, no implica que realmente sea la respuesta a un conflicto real. La salida que se encuentre debe ser justa para ambos, no sólo para el que grita más fuerte o hiere con más fuerza. El error de ceder tempranamente es que, para ganar confianza como pareja los acuerdos mutuos deben cumplirse con un cierre, y no sólo limitarse a aumentar un historial de frustración que  fácilmente se convierte en arsenal para cualquiera de los dos agresores.

3) Ni el momento ni el lugar

Sin pedir un control que no fue extraño hasta la generación de nuestros abuelos, es importante recomendar a la pareja que procuren discutir bajo condiciones adecuadas. Una regañina a la salida del trabajo, frente a los compañeros laborales o frente a la familia o amigos puede llegar a ser más dañino por el lugar y momento que por el tema de discusión en sí mismo.

De ser posible, ha de buscarse un espacio de armónica intimidad lo más a la mano posible. Un lugar que propicie la libre expresión de lo que se siente y la búsqueda de soluciones y arreglos que lo superen. Recordar, también, la pena que siente quien se deja desbordar por la ira cuando recuerda el papelón que hizo vivir a ambos cónyuges o el daño ante seres queridos es un buen aliciente para evitar caer en esta tentación.

Una sugerencia interesante es acercarse a un lugar abierto, con entorno natural, o bien un espacio de íntima calidez que derrita el hielo que se instaló entre ambos.

4) El egoismo a descubierto

Un tema recurrente en entrevistas con parejas es la falta de atención que sienten los cónyuges. Lo curioso es que no pocas veces suele ser la primera vez que lo oyen de labios del otro. Y es que al discutir con frecuencia nos encerramos en nosotros mismo, en nuestros demonios y pasiones. Y nos cegamos y aturdimos respecto al otro. Ni le oímos, ni vemos más que para medir el efecto de nuestro odio desbordante y la rabia que nos da su torpe reacción.

A cambio, sostener una discusión donde nos regalamos por entero al otro, en un acto de donación conyugal digna del amante más perfecto, puede ser el comienzo de un gran cambio en las cosas. Si bien acariciar al otro no es lo más indicado de entrada, sí lo es cuando la intimidad y cercanía nos expresan mejor al concluir y proponer salidas conjuntas. Mirar a los ojos. Escuchar sin interrumpir, respirar con calma son señales muy bien recibidas por el otro, que apartan del todo el clima de “guerra matrimonial” tan tristemente frecuente. Pusimos fuera toda muestra de crítica o ánimo de herir.

Comos señaláramos arriba, se trata de un momento adecuado y de un lugar conveniente. Por lo tanto, no es lo más recomendable estar dedicados a otra actividad mientras se discute, ni ocupados con otros temas en mente. Quien discute quiere decir algo. Y quien responde quiere ser oído. ¿No es fácilmente predecible el feliz resultado de darnos por enteros en ese momento de intimidad conyugal?

5) Dar un primer profundo zarpazo

¿Qué se espera de la evolución de una discusión cuando el primer acto es apuñalar donde más duela?

La secuencia de momentos es fácilmente ilustrable. Del dolor abierto vendrá una respuesta cruenta y de esta, la contrarespuesta. Las mentes cegadas por el rencor y el cuidado de no perder encaminarán a una destructiva secuencia de puñaladas y acuchillamientos emocionales. De allí no saldrá nada bueno. Apenas otra cicatriz en el historial de dolores de la relación.

Sin embargo, ¿qué ocurriría si por variar, si por intentar una forma distinta de comenzar a plantear un problema o tema de discusión, se comenzara con un elogio del otro? Imaginemos la situación. En lugar de abrir los labios para lanzar un zarpazo, elogiamos algo del otro, comentamos un aspecto que nos gusta. ¿Eso abre o cierra a nuestra pareja? Y luego, con cuidado de no concentrarse mas que en buscar una solución, y compartida, vamos exponiendo los hechos sin intentar herir. ¿Quién negará la buena disposición que encontraremos, el ánimo de ceder o de opinar que generamos?

6) Ambiguos y mudos

No pocas veces, por evitar empeorar más la situación, caemos en el corrosivo campo de los “no concretos”. Señalamos que odiamos cosas, pero no las especificamos. No decimos ni qué es lo que no nos gusta ni porqué no nos gusta. No alcanza con enumerar el listado de cosas que odiamos del otro, con tanta precisión que ni un bisturí de disección alcanzaría.

Un modelo constructivo es abandonar el campo de lo no concreto y pasar a ser específicos. Si callar lo que nos molesta empeora las cosas en lugar de mejorarlas, lanzar problemas sin aclarar su naturaleza es igualmente mortal. Si queremos señalar algo que no anda bien, indiquemos qué es lo que no va bien, porqué no va bien, cómo nos gustaría que fuese, etc. De esta manera quitamos angustia al otro, pues le mostramos sin dudas el centro de la cuestión, le ilustramos en cómo lo va haciendo mal y cómo nos gustaría.

A continuación se puede conversar en la búsqueda de salidas o intercambio de opiniones sobre el tema. Y si aplicamos los consejos que vamos  exponiendo en estas líneas, confíe el lector en que se llegará a buenos acuerdos.

7) “Yo te acuso”

Muchos matrimonios, al discutir, dan la impresión de maestros regañando a sus alumnos o de fiscales en la Corte acusando a reos de los peores crímenes. Lejos de cooperar con un buen desarrollo de la discusión, la actitud agresiva e intimidante cierra al acusado a cooperar con el problema. Por el contrario, le coloca en la posición de quien se defiende de no importa qué postura que ahora deberá sostener como suya.

Depurar nuestras palabras de juicios de valor y acusaciones, del tono reprendedor y de cuchilladas psicológicas abrirá a nuestra pareja a nuestro problema y a encontrarle solución.

8) Disparar y huir

¿Qué cosa es más frecuente que convertir una discusión - que no se quiere larga y enfadosa - en algo semejante a un pelotón de fusilamiento donde descargamos toda nuestra ira y frustración para luego huir, cerrando toda puerta nuestra espalda?

Si aplicamos las recomendaciones enunciadas, lograremos evitar los errores y conducir el encuentro en una búsqueda de soluciones. Sin embargo, forma parte del proceso de pareja, darnos espacios a aclaraciones, a asegurarnos que nos hicimos comprender y confirmar que comprendimos bien al otro, tal y como nosotros mismos quisimos ser entendidos en nuestro punto de vista. El clima que queda flotando en el ambiente tras haber mutuamente entendido que el otro nos interpretó adecuadamente y que trabajaremos en el conflicto es un poderoso atractivo para reencender la relación de pareja.

9) Todo a un mismo tiempo

No importa cuan largo sea el prontuario de crímenes de nuestra pareja, listado que mantenemos con una precisión que el mismo Satanás envidiaría de la cuenta que lleva por nuestros malos actos.
Si lo que honestamente deseamos es solucionar un problema y no solamente descargar nuestro odio contra el otro, entonces aprenderemos a concentrarnos en un punto por vez. Es irreal e inmaduro esperar cambiar toda una personalidad y toda una vida con el desarrollo de una sola discusión.

Con calma, amor, paciencia y buena voluntad lograremos más metas de las que esperaríamos desde nuestra oscura aprensión. Y, de paso, nuestra pareja verá en nosotros mismos algunos cambios que anhelaba, si acaso nosotros mismos pusimos buena voluntad.

10) Agresiones

Si realmente deseamos conversar, el tono de voz alto e hiriente, casi a gritos, enerva y pone a la defensiva al cónyuge, quien probablemente reaccionará con gestos de réplica agresiva o descalificador hartazgo.

Como contraparte igualmente perniciosa se encuentra la costumbre de algunas personas por encerrarse en el mutismo o poner caras de rabia mal contenida aunque no digan nada al respecto.

Mantengamos un aspecto sereno, abierto al otro, con un tono y nivel de voz agradable, midiendo mucho las palabras y lo que decimos. Es un esfuerzo enorme, es verdad, pero sería muy vergonzoso reconocer que lo que en verdad queremos no es solucionar un problema sino maltratar al
otro sin remordimientos.

Invitemos a nuestra pareja a escucharnos, abriéndole las puertas para expresarse con la misma cordialidad, donde la agresividad quede desterrada. Quienes aplicaron estas medidas dan cuenta de los resultados asombrosos a poco de valerse de ellas.

11) Rencor

Suponiendo que la pareja realmente desee superar todo cuanto le separa, para reencantar la relación que un primer día les dio sentido a sus vidas y les condujo al altar a prometerse eterno amor, es aquello que recomendaré: abandonar los rencores. Dejar de lado esa incapacidad de no poder soportar haber sido molestado en algo.

No se trata sólo de practicar la virtud cristiana, que a semejanza del buen Dios perdona culpa y delito, derritiendo todo en Su Corazón Misericordioso. Si no hay misericordia en la pareja no habrá Misericordia sobre ellos ni para con ellos. El rencor corrompe el alma, como un gusano vil que pudre los mejores frutos del amor de pareja. Allí queda la infame criatura diabólica, destruyendo todo buen sabor y recuerdo feliz.

El rencor mancha todos los momentos y no da paz al rencoroso sino hasta cuando puede descargar venganza sobre el ofensor de su orgullo.

Muchas discusiones no se tratan más que de ajustes de cuentas entre vicios. Y es muy fácil que la hoguera de la discusión reviva y alimente a otras criaturas malignas.

Perdonar de corazón como nosotros queremos ser perdonados, y olvidar las ofensas con la generosidad con que querríamos ver olvidadas las nuestras, es el modelo más seguro y garantizado de traer paz al matrimonio.

12) Retorno a la zona oscura

¿Qué pareja no es particularmente más vil e insidiosa que aquellas que recaen en una discusión que dieron por superada? ¿Qué cónyuge no se ve
presa de la mayor de las iras cuando ve al otro incurrir en aquello, en precisamente aquello que se dio por entendido y corregido?

Cuando la pareja aprendió a cambiar sus modelos y formas de discutir, cuando comprendimos el fondo y la forma de una buena y sana discusión,
queda recomendar una gran medida preventiva:

Conversar en otros momentos, distintos a los de la discusión, el modo de seguir aplicando algunas de las salidas que se encontraron a los problemas y las formas que a partir de ese momento se aplicarán. Es muy importante que fuera de todo aroma de guerra, se asienten los pasos a seguir y se recompensen los logros. Del mismo modo, es vital que no se prolongue la discusión en el tiempo a causa de haber quedado mal cerrada. Todo tiene reparación con buena voluntad sin necesidad de mantener los sentimientos corrosivos. La experiencia de las parejas que cambiaron de rutina avala la certeza de que con ganas y voluntad, se puede superar todo. Igual te sugiero una terapia para que puedas cambiar esta actitud ya que sufren los dos , y vos vas a terminar en una profesia autocumplida, lo cual estoy convencida de que no queres La terapia te va a ayudar a solidificarte, a tener una autoestima mas fuerte, a creer en vos misma , a partir de esto no vas a querer obligar a nadie a que te quiera , te van a elegir todos los dias , esto es lo que hay que lograr que sientas.


Nosotros te podemos ayudar , quedo a tu disposicion


Lic Veronica Peire, Psicologa

Actualizado (Viernes, 30 de Septiembre de 2011 23:16)

 

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